viernes, 16 de mayo de 2014

CAPÍTULO 2


            Después de varias clases agotadoras Laila recoge sus cosas y se va a casa, hoy tiene que corregir varios exámenes. Aunque los adolescentes suelen sacar de sus casillas a cualquiera Laila es diferente, a ella le gusta de verdad su trabajo, y es que a sus 25 años es profesora de matemáticas en uno de los mejores institutos del país. Sacó la carrera antes de lo previsto y fue la mejor de su promoción, la verdad es que siempre resaltó por encima de sus compañeros.
            -Señorita Laila –se escuchó al final del pasillo, Laila se dio la vuelta y resultó ser Jorge, uno de sus alumnos.
            -Jorge te he dicho que no hace falta que me trates de señorita, que me hace sentir mayor, llámame Laila –así era, no le gustaba nada ese ‘señorita’, Laila era un chica muy sencilla y cercana a sus alumnos y no había cotilleo que se le escapase, y por eso era habitual que le pidiesen consejo.
            -Lo siento, la costumbre
            -No pasa nada, ¿en qué puedo ayudarte?
            -Pues que no he entendido algo de la clase de hoy y me preguntaba si tendría un momento para explicármelo.
            -Claro, no hay problema, pero esto me lo dices en clase y no esperes al último momento porque podría haberme ido ya. Y, otra cosa, últimamente en clase te veo muy desconcentrado, ¿te pasa algo?
            -Eh, no, bueno sí, bueno no, no sé… Y la próxima vez se lo preguntaré en clase.
            -A ver, que es ese sí bueno no, sabes que puedes contármelo, que aunque vosotros os lo toméis a coña no soy tan vieja y hace 6 años estaba pasando por lo mismo que vosotros ahora. Ven, pasa a mi departamento, aquí podemos hablar tranquilos.
            -Bueno, pues no sé si usted -Laila le lanza una mirada de advertencia-, digo tú, sabes que hace poco lo dejé con Marina, llevábamos 7 meses y aún no lo he superando del todo, me paso horas pensando en ella y me cuesta un montón concentrarme en lo que tengo que hacer.
            -Ainsh, que mono –se pregunta si a ella le pasaría igual con Pablo- echo de menos esas noches de insomnio por amores perdidos, en fin, que me pongo melancólica y no viene al caso. Lo que tienes que hacer es.
            -Olvidarme de ella ya lo sé, pero no soy capaz.
            -¿Sueles interrumpir a la gente por costumbre?
            -Eh, lo siento.
            -No pasa nada, pero no iba a decir eso, ¿tu quieres volver con ella?
            -Pues no.
            -Pues entonces… Espera ¿qué?
            -No quiero volver con  ella, me ha hecho mucho daño.
            -¿Entonces qué narices haces aquí?
            -Es que me paso las horas pensando en lo que podría haber sido y no fue, en lo que podríamos haber llegado a hacer juntos.
            -A ver, yo creo que lo que tú necesitas es amor y una subida de autoestima, me explico. Necesitas salir un sábado con tus amigos ligarte a una tía, o que ella te ligue a ti, eso ya como veáis, y pegarte un buen revolcón. Ya verás que bien te viene
            -No sé…

-Tú hazme caso a mí que yo controlo de estos temas. Y sobre lo de las matemática que es por  lo que verdaderamente venías, ¿qué es lo que no entiendes?

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