Después de varias clases agotadoras Laila recoge sus cosas
y se va a casa, hoy tiene que corregir varios exámenes. Aunque los adolescentes
suelen sacar de sus casillas a cualquiera Laila es diferente, a ella le gusta
de verdad su trabajo, y es que a sus 25 años es profesora de matemáticas en uno
de los mejores institutos del país. Sacó la carrera antes de lo previsto y fue
la mejor de su promoción, la verdad es que siempre resaltó por encima de sus
compañeros.
-Señorita
Laila –se escuchó al final del pasillo, Laila se dio la vuelta y resultó ser
Jorge, uno de sus alumnos.
-Jorge
te he dicho que no hace falta que me trates de señorita, que me hace sentir
mayor, llámame Laila –así era, no le gustaba nada ese ‘señorita’, Laila era un
chica muy sencilla y cercana a sus alumnos y no había cotilleo que se le
escapase, y por eso era habitual que le pidiesen consejo.
-Lo
siento, la costumbre
-No
pasa nada, ¿en qué puedo ayudarte?
-Pues
que no he entendido algo de la clase de hoy y me preguntaba si tendría un
momento para explicármelo.
-Claro,
no hay problema, pero esto me lo dices en clase y no esperes al último
momento porque podría haberme ido ya. Y, otra cosa, últimamente en clase te veo
muy desconcentrado, ¿te pasa algo?
-Eh,
no, bueno sí, bueno no, no sé… Y la próxima vez se lo preguntaré en clase.
-A
ver, que es ese sí bueno no, sabes que puedes contármelo, que aunque vosotros
os lo toméis a coña no soy tan vieja y hace 6 años estaba pasando por lo mismo
que vosotros ahora. Ven, pasa a mi departamento, aquí podemos hablar
tranquilos.
-Bueno,
pues no sé si usted -Laila le lanza una mirada de advertencia-, digo tú, sabes
que hace poco lo dejé con Marina, llevábamos 7 meses y aún no lo he superando
del todo, me paso horas pensando en ella y me cuesta un montón concentrarme en
lo que tengo que hacer.
-Ainsh,
que mono –se pregunta si a ella le pasaría igual con Pablo- echo de menos esas
noches de insomnio por amores perdidos, en fin, que me pongo melancólica y no
viene al caso. Lo que tienes que hacer es.
-Olvidarme
de ella ya lo sé, pero no soy capaz.
-¿Sueles
interrumpir a la gente por costumbre?
-Eh,
lo siento.
-No
pasa nada, pero no iba a decir eso, ¿tu quieres volver con ella?
-Pues
no.
-Pues
entonces… Espera ¿qué?
-No quiero
volver con ella, me ha hecho mucho daño.
-¿Entonces qué narices haces aquí?
-Es
que me paso las horas pensando en lo que podría haber sido y no fue, en lo que
podríamos haber llegado a hacer juntos.
-A
ver, yo creo que lo que tú necesitas es amor y una subida de autoestima, me
explico. Necesitas salir un sábado con tus amigos ligarte a una tía, o que ella
te ligue a ti, eso ya como veáis, y pegarte un buen revolcón. Ya verás que bien
te viene
-No
sé…
-Tú hazme caso a mí que yo controlo
de estos temas. Y sobre lo de las matemática que es por lo que verdaderamente venías, ¿qué es lo que
no entiendes?

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